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  • Foto del escritorYoe Carrero

¿Walt Disney fue mejor urbanista que Le Corbusier?


walt disney vs le corbusier

Cuando pensamos en Walt Disney, inevitablemente nos vienen a la mente imágenes de Mickey Mouse, castillos de cuentos de hadas y fuegos artificiales que iluminan el cielo nocturno de “el lugar más feliz de la Tierra”. Sin embargo, la genialidad de Disney trascendía el papel en el que ilustraba y los sueños de la infancia. Su visión se proyectaba hacia horizontes más vastos y concretos: la creación de ciudades para la vida real, para personas como tú y como yo. Esto nos puede hacer pensar que Walt Disney fue mejor urbanista que Le corbusier, uno de los arquitectos y urbanistas más influyentes del siglo XX.


Disney soñaba con comunidades donde la humanidad fuera el núcleo, lugares que no solo fueran eficientes en su funcionamiento sino que pudieran adaptarse y crecer al ritmo de las innovaciones tecnológicas, carreras del futuro y aquellos productos que, en su época, parecían sacados de un cómic de Iron Man, pero que hoy son parte de nuestra cotidianidad. Sin embargo, en aquel entonces, las ideas revolucionarias de Walt sobre una ciudad pensada para las personas, se enfrentaba a un rival incluso más poderoso que el propio Disney: la supremacía del automóvil.


La decadencia que experimentaban las ciudades estadounidenses en los años 60, con su crecimiento urbano desmedido y desorganizado, fue el catalizador que llevó a Disney a imaginar EPCOT. Pero no nos referimos al parque temático conocido por sus atracciones y bebidas internacionales, sino de una visión más grande: el sueño de una ciudad mejor.



La verdadera ciudad del mañana: EPCOT


EPCOT, el acrónimo de Experimental Prototype Community of Tomorrow, representa un sueño audaz y una visión futurista de la urbanización. Este modelo de ciudad, no era solo un conjunto de edificaciones y calles; era un ecosistema urbano completo con zonas industriales, comerciales, residenciales y recreativas, todas diseñadas para hacer de esta una ciudad centrada en las personas y su experiencia de vida.

Lo que hacía a EPCOT tan revolucionario y, a la vez, controvertido para su tiempo, era su enfoque en la calidad de vida de las personas. Imaginen un lugar donde los vehículos particulares circulan subterráneamente, dejando el espacio público en la superficie dedicado exclusivamente a los peatones. Un respiro en la era del automóvil, donde el caminar y la interacción social se convierten en el corazón de la experiencia urbana.


El diseño de EPCOT, con su estructura radial reminiscente de “La Ciudad Jardín”, y sus elementos arquitectónicos que evocan el movimiento moderno —grandes edificaciones comerciales, densidad en las áreas residenciales y extensos espacios verdes—, refleja una simbiosis entre la funcionalidad y la estética. Aunque algunos podrían argumentar que la visión de Disney tenía ciertas similitudes con las ideas urbanísticas de Le Corbusier, las diferencias sutiles pero significativas en sus conceptos de lo que constituye una ciudad ideal dejan a Disney en una posición destacada.



¿Quién era Le Corbusier?

Le Corbusier fue uno de los arquitectos más importantes e influyentes de la arquitectura moderna y que dejó una huella indeleble en el siglo XX. Aunque su nombre esté marcado por la controversia, también evoca respeto y admiración. No es necesario ser un fan de Le Corbusier o coincidir con sus visiones para reconocer que no solo cambió el juego, sino que también redefinió el campo con sus ideas revolucionarias. Hoy en día, sigue siendo un faro de inspiración y un punto de referencia para muchos en la disciplina. Sin embargo, cuando nos adentramos en el terreno de la urbanización, encontramos que Le Corbusier abogaba por un enfoque radical: comenzar desde cero para alcanzar una armonía perfecta. Era, en cierto modo, el Thanos del urbanismo, dispuesto a “reiniciar” las ciudades para crear su visión ideal.


Al igual que Walt Disney buscaba respuestas a los desafíos planteados por la suburbanización, durante su época, Le Corbusier ideó estrategias urbanas para contrarrestar los efectos residuales de la industrialización en las ciudades. Pero se mantuvo fiel a un enfoque funcional y racionalista, un enfoque que, aunque lógico, a menudo ignoraba la complejidad y diversidad inherentes a las ciudades. Las ciudades son organismos vivos, y desde sus inicios, han sido cualquier cosa menos racionales.


Por esta razón, muchas de las propuestas de Le Corbusier requerían borrar lo existente para comenzar de nuevo, como lo ilustra su Plan Voisin para París. Este enfoque, aunque visionario, a menudo chocaba con la realidad de las ciudades que son tejidos complejos de historia, cultura y vida humana.



El Plan Voisin de París


El Plan Voisin de París, una visión que nunca se materializó, sigue siendo uno de los debates urbanísticos más fascinantes y polémicos. Imagina por un momento a París, la ciudad de la luz, transformada en un tablero de ajedrez de rascacielos y avenidas rectilíneas. Esa era la propuesta de Le Corbusier en 1925: una reinvención radical que arrasaba con el centro histórico para dar paso a una ciudad funcionalista.


Le Corbusier veía la congestión y el caos de París como síntomas de un diseño urbano obsoleto. Su solución era clara y geométrica: eliminar lo viejo para construir lo nuevo. En su mente, no eran los automóviles los que creaban el problema, sino las calles antiguas que los contenían. Su plan era audaz: demoler 40 hectáreas de edificios históricos para erigir diecinueve torres de 180 metros de altura, cada una rodeada de jardines y calles rectas, creando así un sistema de vivienda colectiva eficiente y moderno.



Puntos en compun y divergencias que hacen la diferencia


Al reflexionar sobre el Plan Voisin y las intenciones de Le Corbusier, es tentador encontrar paralelismos entre él y Walt Disney en su deseo de “sanear” las ciudades. Ambos parecían creer que los problemas urbanos podían ser aplastados o relegados al subsuelo. Sin embargo, es la consideración de Disney por la experiencia humana diaria lo que lo distingue de Le Corbusier, quien parecía diseñar ciudades como si sus habitantes fueran máquinas en piloto automático, preocupándose principalmente por la eficiencia del tránsito de la casa al trabajo. Pero, seamos justos, veníamos de atravesar un proceso de industrialización y estandarización, así que tratar el espacio urbano de acuerdo con esa dinámica se veía lógico.


Le Corbusier propuso en sus proyectos una especie de segregación estricta dependiendo de la actividad que se llevaría a cabo en cada sector. Esto y centrarse demasiado en la eficiencia y en la función, además de la estética de los edificios, hacía que los espacios se sintieran sin vida. A pesar de incluir áreas de ocio, estas no invitaban a la permanencia y disfrute. De hecho, daba prioridad a los espacios de circulación para los autos particulares y para que se desplazaran de la forma más rápida y eficiente posible, dejando de un lado otras formas de transporte y al humano como peatón, una propuesta que se ha hecho realidad en diferentes escalas y que ha traído graves consecuencias a las ciudades.  


En contraste, Walt Disney imaginaba una ciudad que ponía a las personas primero, promoviendo el transporte público y creyendo que la felicidad y comodidad de los ciudadanos eran esenciales para su eficiencia. Disney veía la planificación urbana no solo como un desafío de diseño, sino también como una oportunidad para la creatividad en la política y la economía. EPCOT, su ciudad utópica, incluso proponía su propio sistema de gobierno para garantizar la eficiencia pública. Disney despreciaba la burocracia, especialmente cuando interfería con sus visiones innovadoras.


El problema con estas ideas es que no eran atractivas para el momento en el que se encontraba el desarrollo urbano; básicamente no estaban de moda y, además, no eran compatibles con la glorificación del automóvil que se vivía en ese momento.

   


¿Es mejor Walt Disney que Le Corbusier como urbanista?


Afirmar si Walt Disney es mejor que Le Corbusier es técnicamente imposible. Ambos visionarios, aunque en campos distintos, compartían un interés común: mejorar la vida urbana. Sin embargo, sus enfoques diferían significativamente. Mientras Disney imaginaba una comunidad futurista donde la tecnología y la felicidad humana iban de la mano, Le Corbusier se enfocaba en la funcionalidad y la eficiencia, a menudo a expensas del tejido social y cultural existente.


Hoy, las ciudades diseñadas para automóviles nos han dejado con una serie de desafíos: desde la contaminación ambiental hasta problemas socioeconómicos y de salud pública. La expansión urbana, impulsada por la proliferación del vehículo privado, ha llevado a la degradación ambiental, el sobrecalentamiento global y la desintegración de los centros urbanos. Y aunque también se ha respondido a estas problemáticas con propuestas que pueden asemejarse a las ideas de Walt, han funcionado para mejorar algunos aspectos no sin antes traer otras consecuencias como la gentrificación.  


En lugar de debatir quién tenía la razón, sería más provechoso examinar qué aspectos de sus visiones podrían aplicarse a los desafíos urbanos actuales. Esto requiere un análisis cuidadoso de las realidades específicas de cada territorio y las necesidades de sus habitantes. Las utopías y las ciudades prototipo no se conciben para ser construidas al capricho de un idealista, sino para probar y evaluar soluciones a los problemas urbanos. Pues como decía Walt Disney: “No creemos que exista un desafío en ningún lugar del mundo que sea más importante para las personas en todas partes que encontrar soluciones a los problemas de nuestras ciudades” 





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